Educar no es instruir: por qué es importante una formación integral ciudadana

Cuando surge un debate de orden moral en clase, a veces intentamos evitarlo. Le decimos a nuestro alumnado: “chicos, eso ahora no toca, hay que continuar con el tema”. La evasión de este tipo de situaciones puede tener que ver con el resurgir, en los últimos años, de una vieja tesis: la misión de la escuela es exclusivamente instruir, no educar; enseñar contenidos, no formar conciencias.

Este planteamiento se presenta como neutral, y deriva en ideas como las que hace poco escuché en un congreso educativo: “Yo sacaría la ética de la escuela de cuajo”. Así, evitamos problemas mayores. Sin embargo, basta leer con atención la Constitución española —y conocer mínimamente la historia intelectual europea— para comprender que separar enseñanza y formación de conciencia es pedagógicamente pobre, constitucionalmente inviable y filosóficamente ingenuo.

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